El tiempo que fue
Sobre este libro
Como dice el pequeño prólogo que reza al inicio de El tiempo que fue: “Escribir un libro, plantar un árbol, tener un hijo; vaya lo parco, por lo prolijo”, observé que en lo de árboles e hijos podía dar por generosamente cumplido mi meta vital, y que, sin embargo, lo de escribir un libro- más por falta de tiempo que por interés y tema que tratar- había quedado un poco rezagado e iba ya siendo hora de recopilar algunas de las notas y peripecias sobre este circo ambulante que es la vida. Para ello consideré como medio más ameno y oportuno el hacerlo a través de algunos poemas, que, si bien no representaran una pretendida crónica, si al menos, diera un vago reflejo de lo que fueran los tiempos que me tocaron vivir. Y con esta idea, aparece este aerobic gramatical que completa las tres funciones importantes que como disciplina y meta me había impuesto: culminar un reto gramatical y literario que mi afición y amor a los libros me pedía y, con ello, el primer punto del mencionado prólogo: escribir un libro. Si en algo cumplí con mi propósito, que Atenea me lo premie y si no, que el que lo lea me lo perdone y Ella me lo demande.
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