Septiembre de 1973. En Chile se desvanecen las esperanzas de quienes creían que por medios democráticos se podía cuestionar el orden de las cosas. Los cadáveres flotan sobre el río Mapocho, desaparecen ciudadanos, el Estadio Nacional se llena de detenidos. Las imágenes de las calles de Santiago, antes alegres y esperanzadas, son ahora estampa del terror. Los militares lo llenan todo, como un gas denso, letal. Detrás de la estampa de los generales crece el submundo de la tortura. Y es en esos sótanos donde surge de nuevo la esperanza, la ternura y la lucha. De la experiencia vivida...