En defensa del altar de la Victoria
Sobre este libro
¿Quién es tan enemigo de Roma como para no defender el altar de la diosa Victoria? Verano de 384. El Imperio Romano está dividido. Teodosio gobierna oriente desde Constantinopla. El pequeño Valentiniano II reside en Milán y, asistido por su madre Justina y vigilado por el obispo Ambrosio, administra los territorios centrales. Mientras, el usurpador Máximo, cuyos dominios se extienden por occidente, tiene su sede en Tréveris. Los hunos amenazan las fronteras de l Imperio. La nación goda, tras varias revueltas, se somete a los tratados para establecerse como aliada en las provincias de Mesia y Tracia. El cristianismo goza del respaldo de los emperadores, pero entre sus seguidores existen importantes desavenencias y conflictos. En Roma, un grupo de senadores, encabezados por el prefecto Simmaco, urde un plan para conseguir que el joven Valentiniano devuelva las ayudas económicas a los cultos paganos y restituya la estatua de la diosa Victoria al lugar donde siempre estuvo, el edificio de la Curia. Mientras tanto, en un lugar de Italia, unos monjes destruyen un santuario dedicado a la diosa Diana.
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