Las sirenas no tienen el pelo lacio
Sobre este libro
Casandra se acaba de mudar a la ciudad, y está convencida de que la vida en la playa era mucho mejor. Allá nadie la molestaba por su abundante y rizada cabellera, sus compañeras no la veían como bicho raro y sus maestras nunca la regañaban por subirse a los árboles en el recreo. En la ciudad las reglas son muy distintas, pero Casandra es muy lista y no permitirá que un montón de niñas bien peinadas le hagan la vida imposible.
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